Por mucha inquietud que nos pueda generar una señora con hábito,
los ojos inyectados en sangre y afición al parkour, los manuales
clásicos de demonología van más lejos.
La monja ha conseguido el mejor estreno de toda la saga Expediente
Warren este fin de semana, atemorizando salas de cine aquí y allá
con Taissa Farmiga, Demián Bichir y una monja demoniaca que siembra
el terror en el monasterio de Cârta, en el sur de Transilvania
(Rumanía). La historia del filme, cuyo guion firma Gary Dauberman
con James Wan, está ambientada en 1952 para explicar los orígenes
de la monja que acosaba a Lorraine Warren (Vera Farmiga) en
Expediente Warren: El caso Enfield, donde ya tenía una inspiración
muy distinguida en un ser clásico de la demonología.
Tanto en El caso Enfield como en La monja, se identifica a esta
terrorífica figura diabólica vestida con hábito y aficionada al
acecho desde las sombras con un demonio llamado Valak; también
conocido como Volac, Valu o Ualac, entre otras transliteraciones.
Dicha criatura ha aparecido nombrada en numerosos grimorios a lo
largo de la historia de la humanidad.
En dichos libros, que en la Edad Media funcionaban como manuales de
magia con instrucciones para conjurar demonios y realizar hechizos,
Valak nunca se asocia a la figura de una monja como han hecho James
Wan y el director del spin-off Corin Hardy, sino a una imagen
ligeramente más inquietante. En la Clave de Salomón, el más
estupendo grimorio del Renacimiento italiano, Valak era descrito como
un niño de apariencia angelical y con alas de querubín que cabalga
sobre un dragón de dos cabezas.
Dicho incunable, atribuido al mismísimo rey Salomón, dio pie unos
pocos siglos después al Lemegeton Clavicula Salomonis o La llave
menor de Salomón, otro manual mágico del siglo XVII donde se
menciona que Valak es el Gran Presidente del Infierno, con una legión
de 38 demonios a sus órdenes.
En fin, todo eso fue descartado por James Wan a la hora de buscar una
forma definitiva para la manifestación de Valak en Expediente
Warren: El caso Enfield y así se ha mantenido en su precuela. El el
filme de Wan, Lorraine Warren veía a la monja en dos ocasiones: en
el exorcismo de Amityville como premonición de lo que estaba por
venir y en el de Enfield, donde la derrotaban.
De hecho, el director no tuvo clara la decisión de dar aspecto de
monja a la big boss de su película –la auténtica Lorraine Warren
solo hablaba de haber sido atormentada por un espíritu encapuchado y
con forma de remolino– hasta uno de los últimos estadios de la
producción.
Sin embargo, con ocasión de La monja se han rescatado algunas
características del bueno de Valak, como la capacidad de tomar otras
formas sin restringirse exclusivamente al hábito monjil o la
particular habilidad para comunicarse con las serpientes (sin
necesidad de aprender a hablar pársel ni nada de eso) que se le
atribuye. Eso sí, parece que la afición para aparecer por detrás
de la gente en espejos o cuadros le viene de largo.
Fuente: elmundo.es
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